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San Juan de Dios y las mujeres

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SAN JUAN DE DIOS, CO-PATRÓN DE GRANADA

El 8 de marzo coinciden dos hitos para la historia de la humanidad: la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres y la obra y vida de San Juan de Dios por las calles de Granada. No ha podido existir mejor confluencia, ni mejor binomio, pues Juan de Dios fue, en aquella Granada convulsa del siglo XVI, el gran defensor y protector de la mujer en todas sus dimensiones.

El 8 de marzo, día internacional de la Mujer, se celebra también una de las festividades más importantes para Granada. El 8 de marzo, entre manifiestos feministas, se rinde también homenaje a uno de los personajes más emblemáticos y universales de la ciudad de Granada: San Juan de Dios.

Tras ser beatificado por la Iglesia católica en 1630 y canonizado en 1690, fue nombrado co-patrón de Granada junto a San Cecilio en 1940; es también patrón universal de enfermos y hospitales desde 1886, y de enfermeros desde 1930. Además, debido a su acto de salvamento en julio de 1549, en el incendio del Hospital Real, fue nombrado patrón del Cuerpo de Bomberos de España en 1953.

Juan “el portugués” o Juan “el librero” llegó a Granada en 1538, tenía 42 años y fue allí donde encontró el lugar para desarrollar su vocación: ejercer la hospitalidad hacia toda persona necesitada de ayuda, sin distinciones ni prejuicios, a todos y a todas sin excepción.

Era un tiempo donde las mujeres no tenían derechos, ni posibilidades de participar en el ámbito laboral ni político. Si no era con el aval de un hombre a su lado, no eran nada ni nadie. Sin voz y sin voto, la mujer en el siglo XVI estaba relegada al ámbito doméstico.

En Granada, un hombre de su tiempo, un laico vendedor de libros, Juan Ciudad, se preocupó de atender las necesidades de las mujeres de toda clase y condición social: casadas con hijos que apenas tenían con qué alimentarlos; protegió a las niñas adolescentes en riesgo de caer en la marginación social y en la prostitución como único medio de subsistencia; se preocupó de las prostitutas hacinadas en las inmediaciones del actual “Campillo”, abriéndoles puertas hacia una vida más digna y libre; se hizo eco de las viudas convertidas en pobres vergonzantes, es decir, aquellas que, al quedarse sin marido, aún conservaban sus casas, pero no tenían con qué alimentarse.

Era tan alta y valiosa la calidad de la atención humanitaria de Juan de Dios que, cuando buscaba un hogar para recién nacidos huérfanos, si eran niñas, las dejaba en la familia de acogida con una dote para que con los años pudiese realizar un digno matrimonio.

Pero no sólo se centraba en ayudar a aquellas mujeres víctimas de la desigualdad, la pobreza o la enfermedad, sino que también lo hacía con las mujeres de las más altas esferas de la sociedad, pues también sufrían carencias y necesidades a nivel psicológico y espiritual. Fue la duquesa de Sessa una de aquellas mujeres de la nobleza que recibió la amistad, el consuelo y el apoyo del “bendito padre Juan de Dios”.

Juan de Dios, ése es el nombre con el que lo llamaban los granadinos que lo conocieron, pues su bondad, caridad y misericordia no tuvieron límites.

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